La Ilustración acuñó el concepto de ‘alfabetización’ para enunciar un proceso radicalmente novedoso en virtud del cual la lectura y la escritura debían convertirse en patrimonio de toda la ciudadanía y no sólo de unos pocos privilegiados. Las sabios europeos del XVIII postularon la universalización de esas destrezas propias del ser humano conscientes de que sólo el acceso a la recepción y a la producción de cultura permitirían los avances que soñaban para la humanidad en los albores del pensamiento racional. Hoy en día la alfabetización debe considerarse entre los movimiento culturales más determinantes de la historia, y no sólo porque se ha mantenido más o menos ininterrumpido desde entonces, sino porque la mayor parte de los sistemas de producción de conocimiento que han aparecido después  desarrollaron sistemas de universalización parangonables con aquella primera defensa de una lectura y una escritura universales.


El caso más claro ha sido el de la llamada “alfabetización informática” que desde mediados de la década de 1980 y hasta la actualidad se ha constituido como uno de los procesos de aprendizaje global de mayor y más amplio espectro.


Antes incuso de que este último proceso comenzara, un nuevo ámbito de creación y recepción de conocimiento se incorporó a las sociedades humanas de un modo universal. Se trata de la imagen en movimiento y su gramática propia: el audiovisual. Sólo la complejidad de las herramientas de producción, así como su altísimo coste económico, habían evitado la iniciación de la ciudadanía en los rudimentos de ese nuevo lenguaje que tanto a través del cine como de la televisión, y ahora de internet, ha transformado completamente la vida de los ciudadanos del siglo XXI.


En los primeros años de la década del 2000 hemos asistido a una fenomenal democratización de las herramientas necesarias para la producción audiovisual. A día de hoy este nuevo sistema de creación e intercambio de cultura se ha convertido en un espacio en el que es necesario desenvolverse, a pesar de que la rapidez en el desarrollo de los medios de producción y difusión ha impedido aún su aprendizaje en los sistemas de educación reglados.


Aucrea, Aula de Creación Audiovisual, surge así, desde el tejido social y empresarial de Canarias, con la idea de ofrecer servicios en los tres espacios en los que se ha vuelto necesario manejar el nuevo concepto de “audiovisual de usuario”: la formación, la producción y la distribución. El audiovisual de usuario es el audiovisual de los profesionales, de los estudiantes, de los ciudadanos, de las empresas, de las instituciones que desean comenzar a expresarse en ese nuevo lenguaje porque lo consideran, precisamente, un lenguaje universal y necesario para formar parte del mundo.


Aucrea quiere potenciar así las posibilidades de un audiovisual para profesionales, que utilizan herramientas tecnológicas contemporáneas para abordar la producción de piezas pensadas para el trabajo, la difusión de sus propias actividades, la información y la reflexión. Aucrea es una herramienta si no para la alfabetización, sí para la iniciación en el audiovisual contemporáneo, de la mano de los mejores profesionales y con los equipamientos técnicos más aptos para los objetivos planteados.



Aucrea  imparte formación inicial, profesional y especializada en el ámbito del audiovisual.

Aucrea  ofrece títulos oficiales con la Universidad de La Laguna.

Aucrea diseña, realiza, produce y distribuye audiovisuales especialmente concebidos para la red, para los servicios profesionales, para la enseñanza o para el deporte.

Aucrea organiza eventos culturales relacionados con el audiovisual.

Aucrea distribuye productos audiovisuales.

  Aucrea, nuevos conceptos en el audiovisual

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